martes, 25 de diciembre de 2012

SÍ, SÍ, SÍ... LA VIDA DE PI

Sí, hoy se estrena LOS MISERABLES, pero quiero hablarles de una de las películas del año, tanto a nivel de historia como de contenido, ambientación, efectos especiales y 3D. Y no me refiero a ese sacacuartos alargado hasta el hastío que salió de la pluma de Tolkien como deliciosa y rompedora lectura y se ha convertido de la mano de Peter Jackson en uno de los grandes ladrillos de la temporada. ¡Además amenazan con trilogía! Pues a mí no me pillan. ¡Corred, insensatos!

No, me refiero a lo último del polivalente director Ang Lee, la adaptación de la exitosa novela LA VIDA DE PI (que, además, rima). Vean primero el trailer y luego hablamos.





¿Ya lo han visto? Claro, uno puede pensar que se trata de una rayada importante plagada de infografía gratuita y argumento escaso. Es la manía de los trailers de mostrarnos sólo lo más espectacular de las películas para atraer a las salas a todos los mongolos de encefalograma horizontal posibles. Pero LA VIDA DE PI no es así, de hecho algunos de esos mongolos que mordieron el anzuelo critican la cinta por ser -dicen- demasiado lenta, por no tener acción, porque todo pase en el mismo sitio...

Como diría el avaro Scrooge (que fue antepasado mío): ¡paparruchas!

No todas las sensibilidades están preparadas para apreciar esta fábula con valores expuesta de manera diáfana sin resultar panfletaria. Al contrario, se trata de una historia de crecimiento, un viaje interior disfrazado de relato de aventuras como el que podría haber escrito Rudyard Kipling, profundo y cautivador, entretenido y espectacular. En todo el tiempo que dura la moda esa del 3D no había encontrado hasta hoy una película que lo agradeciera tanto. El efecto tridimensional sumerge al espectador en la aventura como nunca he visto hasta ahora. Es más, creo que esta película sin 3D no alcanza los niveles de maestría que su versión más cara y con gafas.

Del mismo modo, Ang Lee rompe con la irritante tendencia de utilizar una historia como excusa para deslumbrar al espectador con una atronadora batería de efectos especiales sobre un relato vano. Aquí es al contrario. Como hizo Robert Zemeckis en su tiempo (y más antiguamente Cecil B. DeMille), los espectaculares efectos se aplican a la historia para que ésta resulte creíble. Y vaya si lo resulta, a pesar de tratarse de un argumento que, a priori, no se traga ni el protagonista.

Ahí reside precisamente la gracia de la película. En saber si queremos creer lo que nos han contado o no. Porque esta historia tan rara enmascara en realidad otras que nos son mucho más familiares, y que se pueden explicar de muchas maneras.

Nuestra es la libertad de decidir cómo.

CALIFICACIÓN: 9/10

domingo, 16 de diciembre de 2012

EN LA CASA

Aunque Jean Reno haya declarado recientemente que están matando al cine francés, lo cierto es que este año nuestros vecinos del norte no pueden quejarse de cantidad, calidad y variedad. Vale, quizás no tanta variedad, ya que la mayor parte de lo que llega hasta nosotros son comedias. Sin ser especialmente sensible al humor galo, reconozco que cuando he visto que estrenaban una película francesa me he acercado al cine esperanzado y, por lo general, he salido sin ganas de cometer ningún incidente diplomático, cosa que en mí no es demasiado normal.

Así, que recuerde, he pasado buenos ratos con INTOCABLE, LA DELICADEZA, LA FELICIDAD NUNCA VIENE SOLA, EL NOMBRE... películas cuya calidad oscila entre el "se puede ver" y el "es una buena película" pasando por el inevitable "tiene sus momentos".

Y de pronto llega la última de François Ozon, un tipo que me provoca tanta intriga como sospecha (su filmografía es regular en el peor sentido de la palabra). Pero el hecho de que venga precedida por importantes premios en Toronto y San Sebastián y que varios de mis amigos más respetados me la recomienden, hace que aumente mi interés.


Y voy. Y la veo. Y me absorbe. Y me fascina desde el primer momento. Y aunque la historia de fondo sea tan original como VERANO DEL 42 o EL GRADUADO, el juego de realidades y ficciones que plantea me hace olvidarme de lo que estoy viendo para sumergirme en lo que me están contando y participar en ese engranaje fabuloso que no es sino la sustancia mágica de la que están hechas las historias. De pronto vuelvo a ser ese adolescente enamorado de una mujer madura (hay que ver lo buena que sigue estando Emmanuelle Seigner) y a buscar mi sitio en el mundo, a matar mis pecados y a retratar mis anhelos a través del único medio a mi alcance: la escritura. Haciendo cómplice de mis fechorías (reales o no, eso no importa) a un peculiar profesor de literatura que, como yo, mantiene una lucha entre el deseo y el deber que acaba llevándolo a una situación que jamás hubiera imaginado. Y ustedes, como espectadores, tampoco.

En fin, un mágico juego de espejos. Una estimulante trampa de cajas chinas. Una película fascinante cuya temática y estructura podría haber firmado Woody Allen al principio de su carrera, cuando no se repetía tanto.

Una gozada.

CALIFICACIÓN: 9/10






jueves, 13 de diciembre de 2012

ARGO

Tengo pendiente el debut como director de ese guaperas de mandíbula floja llamado Ben Affleck, pero su segunda película, THE TOWN, fue para mí una gran sorpresa. ¿De verdad este tipo estaba dotado para la dirección o fue una casualidad como la del 12 del 12 del 12 de hace unos días? Viendo la magnífica ARGO puedo decirlo sin que me dé la risa: Ben Affleck es uno de los nombres más prometedores del futuro del cine norteamericano.

La cosa está basada en la crisis de los rehenes de Irán en el año 1979 y cómo un experto en rescates encabezó una misión para sacara de ahí a seis prisioneros fugados haciéndose pasar por productor cinematográfico en busca de localizaciones. La trama es tan rocambolesca que cuesta creer que esté basada en hechos reales, pero la película se preocupa en demostrarnos que así fue, aportando en sus créditos pruebas documentales que evidencian el cuidado de sus responsables por la recreación histórica.

El resultado es un thriller político de alto voltaje, de aspecto documental y con un uso inteligente de la tensión dramática. Yo, que no como palomitas en el cine desde hace dos meses (¡jodido dietista, ojalá te mueras!), me encontré con que en el tercer acto me había zampado una décima parte de mis propios dedos. Así de nervioso estaba. Pero la película combina además elementos cómicos que, lejos de resultar chocantes, se equilibran de maravilla con la trama de suspense. Secundarios de lujo como Alan Arkin y John Goodman se encargan de ello, mientras que, como es habitual, Ben Affleck se reserva el papel protagonista, que esta vez no es un lastre (en THE TOWN lo era) debido a su contención. Y es que este muchacho gana muchos enteros cuando se pone detrás de la cámara, pero también cuando se pone delante y no muestra la dentadura.

En ARGO hace las dos cosas, y lo hace maravillosamente bien.


CALIFICACIÓN: 8/10

sábado, 11 de agosto de 2012

EL CABALLERO PROMETHEUS. ¿LA LEYENDA? ¡MISCOJONES!

Hay una película en cartel que va sobre embarazadas. Se titula QUÉ ESPERAR CUANDO ESTÁS ESPERANDO, y aunque es una comedia tontorrona con algunos personajes simpáticos, su título nos viene al pelo. Porque... ¿qué se puede esperar de la secuela de una de las mejores películas de género que se han rodado en la última década? Y no exagero. Les guste o no Batman, EL CABALLERO OSCURO es una obra redonda, trágica, oscura, intensa, inteligente, bien escrita, dirigida e interpretada y más entretenida que el cubo de Rubik.

¿Qué esperar entonces? Pues un desenlace estremecedor en la misma línea de aquel glorioso segundo acto de la trilogía del prestigioso (y a menudo chapucero) Christopher Nolan.

¿Qué encontramos? Pues una película demasiado larga y desequilibrada, con menos cosas que contar que su predecesora y que va dando bandazos entre lo emocional (demasiado teatrero) y lo espectacular (demasiado manido). Los personajes son pálidas sombras de lo que fueron: el héroe apenas aparece, el villano da discursos interminables, el comisario Gordon pasa la mitad del metraje tumbado en una cama, el buen Alfred aparece y desaparece a conveniencia del caprichoso guión,  el señor Fox sale porque se ve que tenía contrato y Hans Zimmer satura los altavoces de la sala hasta dejarnos tontos.

Conclusión: no me ha gustado. ¡Ah, pero todo el mundo dice que es cojonuda! Enumeran sus defectos, sí.  Dicen que no es tan buena como la anterior, también. Ponen a parir mil cosas... ¡pero siguen diciendo que es cojonuda!

¡Yo a los frikis no les entiendo!


Pero ahora viene cuando la matan.

PROMETHEUS. ¿Qué esperar de la esperada precuela del universo Alien, dirigida por el mismísimo Ridley Scott (ya saben, el autor de obras cumbre del Séptimo Arte como 1492: LA CONQUISTA DEL PARAÍSO, LA TENIENTE O´NEILL o EL REINO DE LOS SUEÑOS... digo DE LOS CIELOS y alguna peliculilla alimenticia que pasó sin pena ni gloria sobre bichos del espacio, robots con sentimientos o mujeres al volante. Bueno, creo que era al revés, pero entre la ola de calor y el cabreo que tengo no me pidan encima ser exacto en mis reflexiones.

El caso: que  tras ver los primeros trailers uno esperaba la obra maestra definitiva: un ALIEN del siglo XXI. ¡Por lo menos!

Y, en efecto, eso encuentra. Un ALIEN hecho ¡tan mal! como se hacen las cosas en el siglo XXI. Con un guión que promete, y promete, y promete, y plantea, y plantea y replantea, y anticipa, y anticipa, y anticipa, y se lía, y retrocede, y se contradice con la serie madre, y consigo mismo, y al final ni cumple lo que promete, ni remata lo que plantea, ni recoge lo que anticipa, ni deshace lo que lía ni nada.

¿Es entretenida? Hombre, pues sí. Por ver el diseño artístico, los efectos especiales, la atmósfera espacial... aunque para eso salgo a ver las estrellas y me pongo la Sinfonía de los Planetas de Holst.  Más bonito, más ecológico, más barato...

Charlize Theron está muy bien aunque ni ella entiende su personaje. El Fassbender ese es un clon perfecto e intencionado de Peter O´Toole en LAWRENCE DE ARABIA. Guy Pearce no se sabe que es Guy Pearce y su personaje es uno de los grandes desaciertos de la historia... Hay una escena bastante desagradable que tiene su puntillo y su interés, aunque se sitúe en un contexto tan incongruente como el resto de la película.

Al final uno sale del cine con cara de ameba, sin saber si sentirse tonto porque no ha entendido nada o si pedirle a Ridley Scott que se compre un apartamento en Marina D´Or y deje de tocar las pelotas de una vez con esto del cine.


Total, que entre la mierda de secuela de una y la mierda de precuela de la otra, me están dando un verano...

lunes, 16 de julio de 2012

BATIBURRILLO DE CRÍTICAS VERANIEGAS

No, no me he muerto. O al menos aún no. No hasta que la subida del IVA del 8% al 21% acabe con todas las salas de cine del país y mi pacto de inmortalidad sea revocado. Porque la cláusula indicaba que yo viviría mientras el cine viviera. Si el cine muere, lo que queda de mi carne se corromperá, mi espíritu desaparecerá y ustedes tendrán que bajarse mierda de Megaupload para verla en una pantallita (si es que el gordo ese logra extender su legado desde la celda).

El cine se muere. Pero aún respira. Y su pestilente mezcla de ambientador y palomitas requemadas aún nos da la bienvenida cuando traspasamos su umbral.

Les cuento un poco lo último que he visto.

The Amazing Spider-Man. Una apabullante y moderadamente entretenida tomadura de pelo. Oscura, dramática, pero tan innovadora como un sacacorchos. La trilogía de Sam Raimi es mucho más divertida.

Calificación: 6/10







La delicadeza. Pues eso. Delicada mezcla de drama y comedia con la presencia siempre estimulante de Audrey Tautou. La transición de tonos es quizás algo brusca, pero se soporta. Lloren y rían sin complejos.

Calificación: 7/10





Tengo ganas de ti. Toma, y yo de helado de nueces, pero no por ello hago una película. Insufrible adaptación del  gurú de la literatura juvenil Federico Moccia. Un desmesurado drama protagonizado por antihéroes adolescentes que provocarán orgasmos entre los pubescentes y pesadillas entre sus padres. Se salva de la quema absoluta porque, dentro de lo que cabe, mantiene el mínimo nivel requerido a una narración audiovisual.


Calificación: 4/10




Elefante blanco. Realismo documental de primera, aunque flojea en el entramado de historias personales. Hay demasiados guionistas y temas, lo que dispersa la atención. Cinta deprimente en la que los buenos no ganan. Inapropiada para enganchar a una audiencia que, si me permiten la expresión, está hasta los huevos de todo. Necesitamos historias esperanzadoras. Aun así, Ricardo Darín convence. ¿Pero cuándo no lo hace?



Calificación: 5/10


Que lo pasen bonito.

El Sr. Criticón

sábado, 9 de junio de 2012

MIEL DE NARANJAS




¿Es esta otra película sobre la posguerra española? Sí, lo es.

¿Es de las buenas o de las malas? De las regulares.

¿Tiene una visión parcial, maniquea y crítica con algún bando concreto? Sí, la tiene.

¿Es eso malo y vergonzoso como en LA VOZ DORMIDA de Benito Zambrano? No, aquí es más sutil.

¿Los diálogos y las interpretaciones son tan naturales como en aquélla? No, no lo son ni de coña. Aquí todo suena a leído, a falso, a guión. Hay actores que están geniales (Carlos Santos, Ángela Molina, Eduard Fernández), otros pasables (Blanca Suárez, Iba Garate) y otros pa matarlos (Karra Elejalde).

¿Es la película una mierda? Hombre, pues no.

¿Es innovadora? Tampoco.

¿Es entretenida? A ratos, como Pilatos.

¿Entonces qué coño es? Pues un thriller político resultón al que le falta pasión, veracidad y habilidad en el desarrollo del suspense.

¿Se puede ver? Hombre, ¿y qué no? ¿Se puede ver AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS? Pues sí, se puede ver.

Pero Uribe sabe hacerlo mejor.


CALIFICACIÓN: 5/10


viernes, 8 de junio de 2012

BLANCANIEVES Y LA LEYENDA DEL CAZADOR


En esta moda estúpida de llevar a la pantalla versiones de cuentos clásicos, le toca el turno a Blancanieves y los siete enanitos. O los ocho. O depende del plano, porque el número de enanos va y viene a lo largo del metraje. Y hay uno que interpreta Bob Hoskins que se parece al sabio griego Tiresias. Y un cazador que no caza nada y que se parece al novio de la Pataki. Y una Blancanieves que se parece a Juana de Arco cuando se cabrea. Y una reina interpretada por Charlize Theron que se rompe de guapa y recuerda a Cleopatra cuando se baña. Y un espejo mágico que parece cegato, coño. ¡Mira que decir que la más bella es la otra! ¿Pero es que el puñetero espejo no tiene ojos en la cara o qué? Pues no. No tiene.




El caso es que llevaba un par de semanas oyendo que la película era infumable, que la Theron debería cambiar de agente, que si era el mayor mojón del año… Y, hombre, la película no es que sea la octava maravilla del mundo, ni el prepucio de San Aniceto, ni nada de eso, pero tampoco me ha parecido tan abyecta. Para que se hagan una idea, la Alicia de Tim Burton es bastante más aburrida, vacía y excesiva.

Pese a sus dos horas largas, BLANCANIEVES Y LA LEYENDA DEL CAZADOR tiene suficientes escenas entretenidas para que uno no quiera estrangular al proyeccionista al salir del cine. La madrastra se come la pantalla cada vez que aparece (o está a punto de hacerlo a juzgar por el modo en que abre la boca), mientras que la pantalla se come, mastica y escupe sin rastro de sustancia a la parejita protagonista. Por no hablar del sosainas de William el arquero, uno de los personajes más tristes que se ha visto últimamente en una película. La puesta en escena es sucia y descuidada, aunque juega bien con los contrastes. Pienso en ese bosque oscuro lleno de alimañas infográficas en contraposición con ese otro bosque poblado por hadas, elfos y otros bichos que parece rodado en la sección de juguetes de El Corte Inglés.

Por lo demás, la película tiene momentos divertidos, peleas, buena ambientación, un troll que no viene a cuento, un venado blanco que viene menos a cuento aún, y una resultona y por momentos bella música de James-Newton Howard que termina de animar un irregular espectáculo demasiado violento para los niños y demasiado descafeinado para quienes buscamos algo más de chicha en los cuentos clásicos.

Amenazan con secuela, pero yo ya he tenido bastante.


CALIFICACIÓN: 5/10

viernes, 1 de junio de 2012

PROFESOR LAZHAR


No sé muy bien por qué, pero las películas con profesores y estudiantes son un poco como las de juicios: rara vez decepcionan. Vamos, que tienen que ser muy malas para que salgamos del cine diciendo "¡menuda mierda!" Piensen, por ejemplo, en EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS, LOS CHICOS DEL CORO, EL CLUB DE LOS EMPERADORES o esa otra con Sidney Poitier de la cual no tengo ni memoria para acordarme ni ganas para mirarlo en el IMDB. Ya saben a qué tipo de películas me refiero: unos niños o adolescentes problemáticos, un profesor algo rarito que, generalmente, se acaba de incorporar, y cómo  influye positivamente en las vidas de sus alumnos de manera que al final todos son más felices y completos.

En PROFESOR LAZHAR, película seleccionada por Canadá para los Oscar, el centro de estudios está en Quebec, que es la zona de Canadá donde hablan francés, por lo que si optan por ver la película en versión original (que es lo suyo), sepan que se enfrentarán al idioma de Charles DeGaulle.

Aquí llega un profesor argelino de métodos algo severos y pasados de moda, que debe hacerse cargo de una clase de niños de primaria afectados por el reciente suicidio de su profesora. En este clima, el profesor Lazhar, que además tiene sus propios problemas con la justicia, se enfrentará a la dura tarea de intentar ser aceptado por unos niños que, aparte de traumatizados, pertenecen a una cultura bastante distinta de la del profesor. Si recuerdan, cuando éramos pequeños y hacíamos alguna pifia, era normal y hasta pedagógico que el docente nos cruzara la cara de un guantazo o nos diera un capón con los nudillos. Eso ahora es impensable, y así lo descubrirá el buen Lazhar mientras, poco a poco, va calando en el corazón de sus alumnos al tiempo que entra en conflicto con algunos de sus compañeros.


No hay mucho más misterio. La película no peca de melaza ni sensiblería, pero puede llegar a emocionar y divertir. Algo muy de agradecer en estos tiempos de aridez cinematográfica, quebraderos económicos e incertidumbre planetaria.

A mí me ha gustado.

CALIFICACIÓN: 7/10

domingo, 27 de mayo de 2012

MEN IN BLACK 3


Cuando a principios del siglo XXI fui al cine a ver la segunda parte de las andanzas de estos dos matamarcianos no esperaba encontrar el Monolito de las películas de ciencia ficción, sino, tan solo, lo mismo que disfruté en la primera entrega: una comedia fantástica con dos personajes antagónicos en continuo conflicto (uno viejo y avinagrado y el otro joven y tocapelotas), extraterrestres de diseño, un puñado de situaciones divertidas, algunos chistes buenos, otros menos buenos y una historia medianamente sólida que aglutinara todo.

En su lugar me encontré una clásica secuela mercenaria sin pies ni cabeza donde todo iba demasiado rápido y en la que los productores, tras ver los buenos resultados que les dio la primera, quisieron explotar el filón sin darse tiempo a pensar un guión solvente o que, al menos, no diese vergüenza.

Con estos antecedentes, esta tardía tercera parte debería haberme hecho desconfiar, pero tras ver el primer trailer me dio buena espina. Viaje en el tiempo. El personaje viejo de joven. Los Men in Black en los años 60, época de oro de la ciencia ficción. Todo indicaba que, a diferencia de su predecesora, tenían un buen material sobre el que trabajar.


Y una vez vista, debo decir que me he vuelto a divertir y a participar en el juego. Es verdad que no sacan el suficiente partido a la época en que se desarrolla gran parte del metraje, que a Tommy Lee Jones se le ve viejo y desganado, que la trama de viaje en el tiempo es más simple que una patata y que la mayoría de los aciertos de la película se encuentran concentrados en su primera mitad. Pero Etan Cohen y los demás guionistas han logrado recuperar la fórmula original incorporando algunas aportaciones interesantes y muy divertidas que no voy a destriparles para que se fastidien y pasen por taquilla.

Men in Black 3, a diferencia de Men in Black 2, no decepcionará a los que disfrutaron con Men in Black.


CALIFICACIÓN: 6/10


viernes, 4 de mayo de 2012

LOS VENGADORES

Yo no soy muy de cómics. Me sacan de Hazañas bélicas, El Capitán Trueno y alguna tira suelta de Snoopy y me considero un analfabeto en el muy noble noveno arte. Sin embargo, me gustan las películas de superhéroes.

Toma, ¿y a quién no? Es un placer terapéutico sin parangón identificarse con esos personajes ratitos y disfuncionales plagados de traumas que en la vida civil son unos pelanas (aunque algunos estén forrados de pasta), pero que cuando toca desplegar habilidades son los putos amos del universo. A mí me pasa. Durante la mayor parte del tiempo soy un señor mayor, cascarrabias y algo chuchurrío. Pero cuando me pongo a escribir de cine no hay quien me gane. Pues igual.

Lo bonito de las películas de superhéroes es ver cómo esos perdedores se convierten en seres especiales; en dioses clásicos con un destino que cumplir, la mayoría de las veces contrario a sus intereses. Que se jodan. Son superhéroes y es lo que hay. Las secuelas, por lo general, suelen ser menos atractivas porque el superhéroe muestra menos debilidades y ha roto casi por completo con su mundo ordinario. Por eso el Superman de Richard Donner mola, pero Superman II, III y no digamos IV, molan menos. El primer Batman de Nolan mola, y el segundo... pues mola más. Pero esa es la excepción.

Estos Vengadores que hoy comentamos son una especie de clímax al experimento que Marvel inició hace unos años con el primer Iron Man (película que mola por los motivos antes descritos y porque Robert Downey Jr. aporta al personaje un toque cínico y gamberro que hace adorable el conjunto). El Hulk, el Thor y el Capitán América fueron aperitivos para la gran zapatiesta que se acaba de estrenar, y que queda a años luz de aquéllas en calidad, interés y entretenimiento. Aunque también cuenta con un importante defecto: todos los superhéroes que aparecen en ella, ya lo son desde hace tiempo. Por tanto esa metamorfosis tan interesante no está presente, y  la primera parte de la película no es más que un laaaaaaargo tramo en el que el director y guionista se dedica a arrejuntar a todo este bicherío de dispar procedencia. Esto puede ser un problema para aquellos neófitos entre los que me cuento y que corren el riesgo de no enterarse ni del NODO. Y la verdad es que yo no me habría enterado de nada de no ser por la inestimable colaboración de dos niños sudamericanos sentados a mi vera y que explicaban la película a grito pelado. Al margen de esta desinteresada aportación externa, todo era estático y confuso para mi inculta mollera.

Y vamos entonces al segundo problema de la película. Como se supone que hay que explicar quién es cada uno y qué relación hay entre ellos, el segundo acto de la historia es un laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargo tramo en el que no pasa absolutamente nada. Sólo vemos que un hermano bastardo de Thor con cara de adolescente endrogado quiere conquistar el mundo mientras Iron Man cabrea al doctor Banner (cuyo careto es asombrosamente parecido al del ex presentador de Telecinco Agustín Bravo), la Viuda Negra toca las narices al hermano de Thor, el Capitán América hace lo que puede para lucir esquijama sin parecer un atavismo y Thor se pasea por el campo dando martillazos cósmicos al modo shakesperiano. Es el viejo truco de los platillos chinos que todo guionista chapucero conoce y utiliza. Tenemos varios platillos y un tiempo para tenerlos en movimiento. Da igual en qué dirección giren: lo importante es tenerlos girando hasta el final del espectáculo. Si vemos que uno empieza a pararse, le damos un nuevo meneo. Y así con todos.



El que haya llegado hasta aquí pensará que la película me ha parecido un truño de no te menees, y hasta cierto punto no le faltará razón. Confieso que miré el reloj más de una vez y me pregunté qué demonios hacía yo allí.

Pero Robert McKee, autor de "El libro del guión", dice que una película vale lo que vale su tercer acto. Dicho de otra forma: uno puede amuermarse en la butaca durante hora y media, que si el último tercio de la película se anima, uno saldrá del cine pensando que ha visto un peliculón. Y, señoras y señores, otra cosa no, pero los cuarenta y cinco minutos finales de LOS VENGADORES son lo más salvaje, vistoso, atronador y divertido que estos ojitos hipermetrópicos que se han de comer las lombrices han visto últimamente en una pantalla grande. Hasta tal punto esto es así, que me reconcilió con todo el coñazo previo, animándome incluso a esperar gustoso la secuela.



Por lo demás, creo que el abuso de contrapicados es alarmante; el uso del ordenador, el habitual en estos casos (ya me he acostumbrado, así que no despotricaré); lo mismo cabe decir del montaje de las escenas de acción (no se ve nada, pero se intuye); Alan Silvestri cumple con sus fanfarrias heroicas y poderosas; hay un plano espléndido deudor de La Comunidad del Anillo que nos muestra a los seis protagonistas aterrizando en el follón que se monta en Manhattan, y la película es la excusa perfecta para arrellanarse en la butaca a zampar palomitas como un bendito de Dios.

 ¿Y Samuel L. Jackson? Bien, gracias.

CALIFICACIÓN: 6/10





martes, 1 de mayo de 2012

LA CARTELERA ACTUAL Y LA MADRE QUE LA PARIÓ

Coño, pues sí hacía tiempo que no escribía. Es que a veces la pelota se me va de viaje de fin de curso y cuando vuelve yo ando arreglando las cañerías. Les pediría disculpas, pero esta es mi casa y hago lo que me sale del bolo.

En compensación, eso sí, les diré que el cine está muy mal. Lo único que me impide no quemar la cartelera de los periódicos es que compruebo con entusiasmo que algunas multisalas se empeñan en mantener viva la chispa con la proyección de clásicos como CENTAUROS DEL DESIERTO (obra maestra absoluta de John Ford, épica, nostálgica y emocionante) y el ciclo dedicado a Hitchcock que va y viene de los Verdi y que nos permite disfrutar de VÉRTIGO de un modo en que ni las transparencias cantan (y ya es difícil eso en el gordo). Luego andan por ahí TITANIC 3D y la trilogía chunga de STAR WARS, como si a alguien le importara algo a estas alturas.

Y entre lo que no es reestreno ni refrito, poco que recomendar. Eso sí, lo recomendable lo es mucho.

¿Y AHORA DÓNDE VAMOS?, de Nadine Labaki, la directora de CARAMEL (inteligente y divertida mujer que podría ser la versión libanesa de la Bellucci) ofrece una crítica mordaz a las relaciones interreligiosas e intersexuales en clave de atípico musical.

INTOCABLE. El gran pelotazo del cine francés de este año es una comedia cuyo guión funciona como un reloj y que, pese a ser algo complaciente en sus formas, tiene la suficiente gracia y mala leche para satisfacer el paladar cinéfilo más exquisito,  además de dar un buen rollo y un optimismo muy de agradecer en estos tiempos.

Y por último les recomiendo GRUPO 7, una de policías españoles que es de lo mejor que ha dado la industr... bueno, eso que tenemos en este país que permite hacer películas. Una cinta violenta, dura, veraz y perfectamente medida e interpretada (pese a la presencia irritante aunque a ratos convincente de Mario Casas), y que confirma a su director como una de las grandes promesas del cine patrio tras la muy estimable 7 VÍRGENES y la magnífica AFTER. El único problema es que se llama Alberto Rodríguez, y un nombre así no vende mucho.

Si me permiten, termino esta intervención comentando la gran decepción que me ha provocado LA PESCA DEL SALMÓN EN YEME, una sátira política aderezada con historia de amor ambiciosa en objetivos pero aséptica en logros. Una película que lo tenía todo para ser interesante (un argumento original, buenos intérpretes, la posibilidad de arramblar con toda la clase política) pero que al final ni chicha ni limoná.

En fin, espero haberles sido útil. Otro día vengo y les cuento qué me ha parecido esa de LOS VENGADORES, que sé que lo están deseando.

Sean buenos.

jueves, 26 de enero de 2012

J.EDGAR


Se estrena J.EDGAR, la esperada película de Clint Eastwood. El último clásico.

Tras la chorradita spielbergiana de MÁS ALLÁ DE LA VIDA regresa el Eastwood intenso y perfeccionista, esta vez con la biografía del hombre que impulsó al FBI y lo convirtió en lo que es hoy: una oficina de investigación encargada de luchar con el crimen organizado en los Estados Unidos y con los gordos millonarios forrados a base de permitir la descarga de contenidos con derechos de autor.

Pero J.EDGAR es mucho más que eso: es la dramática lucha de un hombre contra sí mismo. Vemos sus flaquezas y su fortaleza, su implacable sentido del deber y la moral... y su fragilidad personal a la hora de afrontar una ambigüedad sexual difícil de asumir.

Eastwood nos trae un ejercicio de cine clásico, narrado con constantes saltos en el tiempo, pero de manera limpia y diáfana, logrando que el espectador no se pierda en ningún momento y sepa perfectamente si está en los años 40, los 50 o los 60. Lo hace con ritmo, con buen pulso, con pericia técnica y narrativa... y también con un pasote de látex y maquillaje que convierte algunos motivos supuestamente emotivos en un show de los Muppets.

Leo DiCaprio, prótesis al margen,  da un paso más en su obstinada carrera y demuestra que es un actor como la copa de un abedul.

Lo mejor de todo es que, pese a que parece saltar de un caso a otro, la película se sigue con interés y consigue combinar de manera equilibrada los aspectos personales del personaje con la trama política o de investigación (algo de lo que debería aprender la horrendísima LA DAMA DE HIERRO). El viejo Clint  nos ofrece una visión desmitificadora del dirigente del FBI, pero no se recrea en machacarlo, sino que enumera sus logros sin olvidar (incluso ponderando) sus múltiples carencias. Vamos, que no se pringa ni hace sangre, pero tampoco se mea de gusto. Habría que ver lo que hubiera hecho Oliver Stone con un material así. Pero, claro, el director de PLATOON últimamente mira más hacia el sur.

Para redondear la función, además de Hoover y su camarilla, aparecen otros personajes reales como Charles Lindbergh, Bobby Kennedy, Richard Nixon o Shirley Temple, para regocijo de los mitómanos.  ¿Y qué más les cuento? Pues que la música es el tema central de SIN PERDÓN mezclado con el único tema central que sabe componer Clint Eastwood. Y que los 137 minutos, pese algún elemento un tanto grotesco (como el maquillaje, por ejemplo) no se hacen pesados. Si acaso, un tanto desapasionados.

J.EDGAR me ha gustado. Pero no me ha vuelto loco.

CALIFICACIÓN: 7/10 

lunes, 2 de enero de 2012

DRIVE





Empezamos el año con la crítica de una película que vi el año pasado, pero ya saben cómo son estas fiestas: uno se bebe dos botellas de coñac cuando quiere y se despierta cuando puede. ¡Feliz año, cinéfagos míos!

La película en cuestión es DRIVE, y la dirige un señor llamado Nicholas Winding Refn, nombre que les sonará a chino o a danés, pero que lleva desde 1996 haciendo cine.

La que nos ocupa es una cinta que demuestra el momento en que vivimos: lo nuevo no funciona y hay que recurrir a lo antiguo. Triunfan las películas en 3D (que ya tienen sus añitos), los reestrenos más o menos adulterados (El rey león), los largometrajes mudos y en blanco y negro (The artist), las adaptaciones de obras literarias del año patatín (Tintín, El Hobbit, Jane Eyre)... y, en fin, los remedos en general.

DRIVE mira hacia el modelo de película negra de los 80, de esas con mucha atmósfera y poco diálogo; con una fotografía oscura y luminosa a la vez; y con una banda sonora a base de sintetizadores machacones que uno jamás se pondría en su casa. ¡Bien por Cliff Martínez, el Giorgio Moroder del siglo XXI!

Cuenta la historia de un oscuro individuo cuya vida gira en torno a los coches: de día es mecánico en un taller, de noche alquila su vehículo y su talento a los criminales que lo precisen y, de vez en cuando, se gana un dinero extra haciendo de especialista en el cine. Todo le va más o menos bien hasta que se enamora de la vecina y se ve obligado a participar en un atraco con final fallido. Y es entonces, tras una primera hora lenta, atmosférica y silenciosa, cuando empiezan los tiros, los sobresaltos y un ritmo endiablado salpicado de sangre y muertes violentas que hará las delicias de los aficionados a las historias de venganza.

Y es que, les juro por la mona Chita, que Irving Thalberg tenga en su gloria, que la segunda mitad de DRIVE me tuvo con el alma en vilo. Sin ser una película de terror, uno permanece en la butaca con el corazón acelerado, temiendo el momento y el lugar por el que vendrá el próximo disparo.

En fin, que sin ser nada del otro jueves (porque ya les digo que original, lo que se dice original, no es), la película ofrece una experiencia impagable para los que quieran disfrutar de una buena cinta de género y que esté hasta los perendengues del típico héroe chistoso que tira de gatillo igual que de discurso. Aquí hay mucho gatillo (y machetes, y tenedores, y hostiones a sangre fría), pero discurso, lo que se dice discurso, hay poco, excepto el fílmico. Y repito que es copiado.

Al salir del cine, uno tiene la impresión de que ha visto una película sensacional. Luego, con el tiempo, la impresión se va diluyendo un poco. Pero que nos quiten lo bailao.

CALIFICACIÓN: 7/10

viernes, 23 de diciembre de 2011

ATTACK THE BLOCK


Esta película tiene su gracia por anacrónica. Es decir, si se hubiera estrenado en los 80, cuando John Carpenter, Joe Dante o James Cameron hacían sus películas de terror o ciencia ficción de bajo presupuesto, esta sería una más. Pero ahora, cuando el espectáculo prima sobre la intención, los millones sobre la imaginación y los efectos visuales sobre los personajes, ATTACK THE BLOCK supone un soplo de aire fresco para los nostálgicos que disfrutamos en su día de esas cintas protagonizadas por bichos de peluche o látex que van por ahí dando dentelladas a diestro y siniestro.

Al tratarse de un film británico, el tono marginal, fumeta y gamberro tiene mayor peso, y el aliciente de que los "héroes" son en realidad pandilleros violentos y poco aficionados a respetar la ley. Como los Goonies pero con navaja y porros.

Por lo demás, una película entretenida, con algún golpe gracioso, sangre falsa, violencia contenida y ninguna pretensión más allá de homenajear el subgénero.

Pchá.

CALIFICACIÓN 5/10

jueves, 22 de diciembre de 2011

THE ARTIST






Les cuento. Ayer bajé al centro y se chocó conmigo un idiota que iba viendo en su teléfono la versión nueva de FURIA DE TITANES. Una basura de película, de acuerdo, pero aparte de eso... ¿¿¿cómo se puede ver cualquier película en una pantallita tan pequeña mientras andas por la Gran Vía??? En vez de conmigo se tenía que haber empotrado con un puesto de castañas. ¡Por imbécil!

Recuerdo que hace poco la cosa estaba en ver quién se compraba el televisor más grande. ¿Se acuerdan? "¡Yo tengo uno que es como la pantalla del cine!" Y al que dijo eso le creo, porque ahora los pocos multicines que van quedando tienen una pantalla a la que sólo le falta el mando a distancia y el gato. Pero vamos a lo que vamos. Antes, la tecnología doméstica quería equipararse al cine. Ahora, cuanto más pequeño todo, mejor. Igual que los libros de bolsillo, tenemos los cines de bolsillo: el teléfono, o el ifón, o como se llame eso. Miles de películas en un aparatito, en un disco, en un microchip, injertadas en el cerebro, tatuadas en el pito... Da igual mientras el soporte sea pequeño.

Sobre este avance que, por otro lado, supone un retroceso, no tengo más que decir. Yo soy muy mayor y el día que los cines desaparezcan buscaré al maestro tibetano con quien hice el pacto de inmortalidad (¿nunca les he contado eso?) y desharé lo acordado. Pero este episodio del imbécil del ifón me ha recordado a una película que ahora triunfa en todo el mundo: THE ARTIST.

Como dicen por ahí, es francesa, muda y en blanco y negro. Y, añado yo, una auténtica delicia recomendada especialmente para aquellos que aman el cine en su concepto original. Es decir, como el arte de contar historias a través de las imágenes.

Yo, que soy reacio a la publicidad excesiva y que cuando veo demasiados carteles de una película en las marquesinas del metro arrugo la nariz, fui a verla con recelo. Imaginé que podría tratarse de un simple reclamo para volver a atraer a la gente al cine, un revestimento glamuroso con poco contenido, igual que vienen haciendo con el 3D (invento que, por otro lado, tiene casi más años que yo).

Pero no. THE ARTIST es una evocación fidedigna y nostálgica de una época del cine que nunca volverá (aunque, paradójicamente, vuelve con esta película). Es refinada, talentosa, inteligente, estilosa y muchos adjetivos más que no dicen absolutamente nada. Tampoco parecen decir nada los personajes que aparecen en pantalla, pero sí que lo hacen: nos dicen que hacen falta muy pocas palabras para contar una historia que interese, que emocione y que haga reír. Cómo un encuadre, un gesto, una mirada o, vale, un sencillo rótulo, es capaz de transmitirnos tanto y conseguir que no nos perdamos. Es la magia del cine desde sus orígenes.

El cinéfilo de pro (no como el imbécil del ifón) detectará en ella numerosos homenajes a aquellos maravillosos años. La sombra de Douglas Fairbanks, de Mary Pickford, del perrito Asta e incluso de Orson Welles o Louis B. Mayer planea sobre cada uno de los fotogramas, todo ello acompañado por una deliciosa partitura digna del mismísimo Carl Davis o sus ilustres predecesores. Es precisamente un detalle de la banda sonora lo que me saca de la película, y es la utilización del tema de amor de VÉRTIGO en una de las escenas culminantes. No digo que no sea apropiado, pero la identificación de esa pieza musical con una historia en concreto es demasiado sólida, así que en ese momento no pude evitar que se me apareciera Kim Novak vestida de verde. Y, claro, figúrense mi shock.

Destacable es también el valor documental de la película. Junto con CANTANTO BAJO LA LLUVIA, esta es una cinta que debería proyectarse en todas las clases de Historia del Cine, pues explica a la perfección los métodos de rodaje, el sistema de estudios, el actor´s system, el tránsito del mudo al sonoro, la crisis a la que esto llevó a ciertas estrellas, a ciertos creadores...

Ahora que el cine en el cine sufre una mala racha (que se lo digan al imbécil del ifón) esta película es imprescindible, pues nos enseña que la historia se repite, que el talento se renueva, que el arte se abre paso, aunque en ocasiones dependa de una industra que no está a la altura.

THE ARTIST es cine. Así que, si les gusta el cine, no pueden dejar de ver THE ARTIST.

CALIFICACIÓN: 8/10

domingo, 4 de diciembre de 2011

UN DIOS SALVAJE... DE NOMBRE ROMAN




Sobra decir que toda la corrosiva acidez del texto de Yasmina Reza está presente en esta adaptación de la obra teatral del mismo título. La forma en que valores sociales tan occidentales como la diplomacia, la buena educación o la hipocresía (enmascarada en amabilidad) se hacen pedazos ante nuestros ojos a lo largo de los 80 minutos que dura esta vertiginosa comedia, permanece fiel a sus orígenes teatrales. Ahí está, intacta, la acción de ese dios salvaje que convierte el amor en odio, el elogio en insulto, que hace y deshace insospechadas alianzas entre parejas, entre hombres y mujeres, entre hombres y hombres, entre mujeres y mujeres, entre individuos y... ellos mismos. El hijo de uno de los dos matrimonios atiza con un palo al hijo del otro y le salta dos dientes. Un acto de violencia irracional y censurable. Tan irracional y censurable como el comportamiento del cuarteto protagonista en ese salón neoyorquino (europeo en realidad, pues Polanski no se lleva bien con los agentes de inmigración de Estados Unidos) que sirve de marco a toda la acción.

Dejando a un lado el sabroso punto de partida, la película brilla por el admirable recital interpretativo de sus cuatro protagonistas y por el perfecto dominio del tiempo y el espacio de Polanski. Toda la acción tiene lugar en tiempo real y en un espacio único, lo que obliga al realizador a controlar milimétricamente la geografía y el reloj. Los espejos que aparecen en muchos de los planos sirven para ubicar a la perfección a aquellos personajes que en ese momento no aparecen en plano. Y vaya si lo hacen. Como criticón que soy, intenté pillar al buen Roman algún error de continuidad, algún fallo en la posición de los actores, un pequeño salto de rácord, lo que fuera. Fue inútil. Ese polaco cabrón, a sus ochenta y dos años, sigue siendo un genio. La luz que entra por la falsa ventana va derivando gradualmente al atardecer, sin artificios, de manera milagrosa y natural.

Me he reído las tripas con UN DIOS SALVAJE, pero también me he asustado al comprender que cualquier intento civilizado de relacionarse con otro ser humano es, cuando menos, algo efímero y momentáneo.

Disfrútenla en versión original, no sean cenutrios.

CALIFICACIÓN: 8/10

jueves, 10 de noviembre de 2011

BATIBURRILLO DE CRÍTICAS OTOÑALES

Pues sí, porque a veces voy al cine y salgo tan epatado o tan cabreado que directamente me tiro al frasco de anís del mono (Chita o King Kong, según la intensidad de mi reacción) y se me olvida escribir en el blog. Por tanto, vamos con una lista de pequeñas reseñas sobre algunas de las películas que hay ahora mismo en cartel y que no he comentado antes. Si buscan ustedes alguna que no está en la siguiente lista, no sean perros y miren más abajo, que seguro que la encuentran. A no ser que busquen la de la última de Eddie Murphy y Ben Stiller, en cuyo caso ya pueden largarse de este blog y no volver hasta después del cumplimiento de la profecía maya.

¿Listos? Más quisieran. Pero vamos allá:


ANOTHER YEAR
Dirigida por Mike Leigh. Intérpretes: Jim Broadbent, Lesley Manville y Ruth Seen.

Los que me conocen saben que cuento los días para el estreno de LA JUNGLA 5, que soy fanático declarado de LA DILIGENCIA, de Harry Callahan y de las películas de catástrofes. En la de Mike Leigh no hay tiros ni explosiones, ni diligencias, ni indios, ni "alégrame el día", ni rascacielos en llamas. Sólo hay un otoñal matrimonio inglés que cultiva un huerto y que vive feliz mientras la vida de los que les rodean transcurre entre sonrisas y lágrimas, ilusiones y penas, armonía y conflictos. Una película contada en cuatro episodios que se corresponden con las cuatro estaciones, en la que prima el diálogo sobre la acción, que dura más de dos horas, que es obligatorio verla en versión original, que no está recomendada para espectadores impacientes. Una especie de STILL WALKING británico. Una delicia y una de las mejores películas que he tenido la suerte de ver este año. Y que viva John McLane.

CALIFICACIÓN: 9/10







CONTAGIO
Dirigida por Steven Soderbergh. Intérpretes: Jude Law, Kate Winslet, Matt Damon, Marion Cotillard y Gwineth Paltrow.

La propagación de una pandemia mortal a nivel mundial sirve como eje a este film reflexivo, analítico e interesante desde el punto de vista social. El problema es que debería acojonar y no lo hace. El espectacular reparto salva de la quema a un thriller de intensidad moderada tirando a baja. Está bien que nos muestren cómo esta sociedad nuestra se descontrolada a la mínima, cómo los seres humanos, con nuestros siglos de civilización y avances, nos convertimos en bestias violentas y egoístas en cuanto nos vemos en peligro, y cómo la clase política vela por sus intereses y no por los de los ciudadanos que la votaron. Pero coño, un virus letal es un virus letal, y ese horror no se aprecia en la película. Es duro decirlo, pero eché de menos a Dustin Hoffman, a Rene Russo y un par de helicópteros bien armados.

CALIFICACIÓN: 5/10





GIANNI Y SUS MUJERES
Dirigida por Gianni Di Gregorio. Intérpretes: Gianni Di Gregorio, Valeria de Franciscis.

En esta especie de continuación de la simpática y naturalista VACACIONES DE FERRAGOSTO, el director y actor Gianni Di Gregorio nos demuestra que sólo tiene un registro (la comedia tierna, amable y levemente picante) y una obsesión (las mujeres en todas sus modalidades, edades y condiciones). Inferior a la otra, pero se me ocurren peores formas de pasar una hora y media de mi vida.

CALIFICACIÓN: 6/10





MIENTRAS DUERMES
Dirigida por Jaume Balageró. Intérpretes: Luis Tosar, Marta Etura, Alberto San Juan.

El esteta de la sangre y el efectismo Jaume Balagueró modera aquí su habitual tendencia al pasote y orquesta con oficio un thriller psicológico tan inquietante como inverosímil. Tosar y Etura dan el do de pecho mientras que el director demuestra que cuando quiere puede dar miedo sin recurrir a la hemoglobina hiperrealista de REC o los horrores ancestrales de OT: LA PELÍCULA. Aún así, le falta verdad.

CALIFICACIÓN: 6/10 






NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS (pero sí Goya para Coronado)
Dirigida por Enrique Urbizu. Intérpretes: José Coronado, José Coronado y José Coronado.

La película es eso: José Coronado y su impecable interpretación de un tipo salido del infierno y condenado a volver a él. Todo en esta cinta definitivamente negra es creíble, asfixiante y arrebatador. Urbizu dirige con nervio. El guión tiene tantos flecos como la vida. Y yo (¿para qué les voy a engañar?) pegué un par de cabezaditas a eso de la mitad. Sobra decir que la culpa no es de Urbizu, sino mía, que ese día había madrugado para... ¿y por qué tengo yo que darles explicaciones? Confieso que me perdí parte de la trama, pero la atmósfera está lo suficientemente bien lograda como para que dé mi visto bueno a una película que demuestra que José Coronado no es, ni de lejos, el espantoso actor que él mismo se empeñó en hacernos creer que era.

CALIFICACIÓN: 7/10 (con opción a cambiar la nota si la vuelvo a ver despierto).




lunes, 31 de octubre de 2011

LA VOZ DORMIDA... Y LOS FACHAS GRITONES




Vive Griffith que yo pasé la España del franquismo escondido en una lata de conservas. Pero eso no quiere decir que, de haber dispuesto de sangre fría y un par de cojonazos, no me hubiera echado al monte con un trabuco. Pueden estar seguros de ello.

Con esto quiero decir que no tengo ninguna simpatía por el régimen ni por el dictador bajito que lo encabezaba. Que quede claro desde ya, que luego vienen los equívocos y los correos con arsénico.

Bien, pues dicho esto vamos a hablar de cine, que es lo nuestro. En LA VOZ DORMIDA, Benito Zambrano adapta una novela de Dulce Chacón que nos habla de aquellos tenebrosos años y de cómo cientos de mujeres fueron vejadas, torturadas y asesinadas por pertenecer al bando de los perdedores de una guerra que muchas de ellas jamás desearon.

No he leído la novela, que imagino superior a la película en muchos aspectos, así que no puedo comparar. Y tampoco es mi deseo, copón, que se ponen ustedes pesadísimos con eso de que si el libro es mejor o peor. Pues ni una cosa ni la otra: son distintos. ¡PESAOS!

De la película me parece insuperable y sobrecogedor el drama humano que nos muestra la tragedia de los inocentes. De esa Pepita interpretada por una maravillosa María León cuya ingenuidad conmueve y hace sonreír en más de una ocasión, y de la convencida republicana-comunista a la que encarna Inma Cuesta. Ambas merecen que las colmen de goyas, tal es su humanidad y la credibilidad que desprenden sus personajes.

Sin embargo, "los malos" de la función están dibujados con trazos demasiado gruesos para no pensar que el film resulta en exceso maniqueo. Esas monjas airadas y violentas. Esos generales franquistas que hablan a gritos y no dudan en abofetear y golpear a quien interrumpa su robótico discurso. Esos tormentos terroríficos ejercidos en los siniestros calabozos franquistas. Esos curas de mirada torva que parecen sacados de alguna precuela de La Guerra de las Galaxias. Les aseguro que ese horror existió en nuestro país, pero el modo de pintarlo en la película resulta tan hiperbólico que a veces uno se pregunta si no estará viendo una película de Álex de la Iglesia basada en un esperpento de Valle-Inclán. Vamos, es que entre los miembros del bando franquista sólo faltan el senador Palpatine y Hannibal Lécter. Todos son tan malos, que hay que ver qué malos son.

Es el único lastre de una película que en general conmueve, interesa y hace llorar. Pero tan omnipresente que resta puntos a la que podría haber sido una producción sobresaliente.
 
Con todo, me gustó. Así que le doy un siete porque me sale de los perendengues. Y dicho y hecho:
 
PUNTUACIÓN: 7/10

domingo, 30 de octubre de 2011

LAS AVENTURAS DE TINTIN. Y YO CON ESTOS LUSTROS.





Digámoslo cuanto antes: a mí las aventuras de Tintín siempre me la han soplado bastante. Vamos, que nunca he formado parte de las huestes de periodistas y aventureros de campo o de sillón que reconocen en sus influencias las andanzas de este joven reportero belga de discutida ideología e indefinida tendencia sexual. Yo era más del Inspector Dan, y eso que ya me pilló mayor. Hecha esta confesión, reconozco que me acerqué a la película más por curiosidad hacia lo que dos pesos pesados como Steven Spielberg y Peter Jackson hubieran podido lograr que por el título y el personaje. Y lo que estos dos grandes artistas han logrado lo tengo clarísimo: me han hecho ver que, definitivamente, estoy mayor.

¡Y dejen de reírse, que sé desde dónde se conectan!

Entiéndanme: yo me crié con las imposibles acrobacias de Errol Flynn y Burt Lancaster. Asistí con agrado al resurgir de la gran aventura que representaron y representan las sagas de La Guerra de las Galaxias e Indiana Jones. Tengo auténticos orgasmos mentales y de los otros cada vez que el personaje de Bruce Willis abre la boca o aprieta el gatillo en la serie de La Jungla de Cristal. Y echo sapos y culebras por todos mis orificios cuando intentan colarme esos supuestos grandes espectáculos a mayor gloria de la tecnología digital y el más difícil todavía en detrimento de la historia y los personajes como son las momias o los piratas caribeños.

Pero Spielberg es Spielberg, y es el CINE. Y Jackson es Jackson, y tanto algunos momentos de su trilogía anillesca como su King Kong lograron emocionarme como pocas películas para el gran público han logrado emocionarme en los últimos años. Por tanto no había ninguna razón para pensar que esta primera aventura de Tintín fuera a resultarme poco grata.

Pues lo ha sido. O al menos, en parte.

No es que la película esté mal: tiene un ritmo trepidante, buenos gags, divertidos diálogos y un modo de narrar ágil, pero no desconcertante, y en cierto modo clásico. Cada secuencia está perfectamente hilvanada con la siguiente, de manera que es imposible perderse en esta, por otro lado, y sin que esto sea un defecto, tradicional e infantiloide búsqueda del tesoro. O sea, que como historia de aventuras para niños o adolescentes funciona sin problemas.

Pero vamos con la técnica esa de captación de movimiento o como coños se llame en español. Es verdad que ciertos planos son impecables, que las texturas están logradas y que la expresividad de los personajes hace que nos preguntemos si estamos viendo una película de imagen real o de dibujos animados. Y este es, para mí, el principal lastre de la película: que en muchos momentos me salgo de la historia porque no sé lo que estoy viendo. Y como soy tan plomo, me lo pregunto. Y a veces me lo pregunto en voz alta, razón por la cual algunos espectadores me chistan. Y yo les grito. Y para entonces ya me he puesto de mala leche y el resto de la película me da igual.

La técnica esta hace que todo sea realista, pero a la vez permite lo imposible. Y cuando un cineasta puede permitirse lo imposible, va y se lo permite, sea Spielberg o Michael Bay. Por eso el Rey Midas de Hollywood no duda a la hora de mostrarnos situaciones tan pasadas de rosca como esa batalla de barcos ingrávidos o esa persecución final en un solo plano que no es más que un alarde de lo bien que le funciona a Peter Jackson el juguete, pero que a mí me hace mirar la pantalla con la indiferencia con la que miro las formas de gotelé de la pared: son bonitas, sí, pero no me dicen nada.

Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio es una película que se disfruta con los sentidos, pero no con el corazón. Todo el alma está contenido en la excepcional banda sonora de John Williams, hombre por quien, a pesar de su edad, parece que no pasan los años.

¡Qué envidia me da!

CALIFICACIÓN: 6/10