domingo, 27 de mayo de 2012

MEN IN BLACK 3


Cuando a principios del siglo XXI fui al cine a ver la segunda parte de las andanzas de estos dos matamarcianos no esperaba encontrar el Monolito de las películas de ciencia ficción, sino, tan solo, lo mismo que disfruté en la primera entrega: una comedia fantástica con dos personajes antagónicos en continuo conflicto (uno viejo y avinagrado y el otro joven y tocapelotas), extraterrestres de diseño, un puñado de situaciones divertidas, algunos chistes buenos, otros menos buenos y una historia medianamente sólida que aglutinara todo.

En su lugar me encontré una clásica secuela mercenaria sin pies ni cabeza donde todo iba demasiado rápido y en la que los productores, tras ver los buenos resultados que les dio la primera, quisieron explotar el filón sin darse tiempo a pensar un guión solvente o que, al menos, no diese vergüenza.

Con estos antecedentes, esta tardía tercera parte debería haberme hecho desconfiar, pero tras ver el primer trailer me dio buena espina. Viaje en el tiempo. El personaje viejo de joven. Los Men in Black en los años 60, época de oro de la ciencia ficción. Todo indicaba que, a diferencia de su predecesora, tenían un buen material sobre el que trabajar.


Y una vez vista, debo decir que me he vuelto a divertir y a participar en el juego. Es verdad que no sacan el suficiente partido a la época en que se desarrolla gran parte del metraje, que a Tommy Lee Jones se le ve viejo y desganado, que la trama de viaje en el tiempo es más simple que una patata y que la mayoría de los aciertos de la película se encuentran concentrados en su primera mitad. Pero Etan Cohen y los demás guionistas han logrado recuperar la fórmula original incorporando algunas aportaciones interesantes y muy divertidas que no voy a destriparles para que se fastidien y pasen por taquilla.

Men in Black 3, a diferencia de Men in Black 2, no decepcionará a los que disfrutaron con Men in Black.


CALIFICACIÓN: 6/10


viernes, 4 de mayo de 2012

LOS VENGADORES

Yo no soy muy de cómics. Me sacan de Hazañas bélicas, El Capitán Trueno y alguna tira suelta de Snoopy y me considero un analfabeto en el muy noble noveno arte. Sin embargo, me gustan las películas de superhéroes.

Toma, ¿y a quién no? Es un placer terapéutico sin parangón identificarse con esos personajes ratitos y disfuncionales plagados de traumas que en la vida civil son unos pelanas (aunque algunos estén forrados de pasta), pero que cuando toca desplegar habilidades son los putos amos del universo. A mí me pasa. Durante la mayor parte del tiempo soy un señor mayor, cascarrabias y algo chuchurrío. Pero cuando me pongo a escribir de cine no hay quien me gane. Pues igual.

Lo bonito de las películas de superhéroes es ver cómo esos perdedores se convierten en seres especiales; en dioses clásicos con un destino que cumplir, la mayoría de las veces contrario a sus intereses. Que se jodan. Son superhéroes y es lo que hay. Las secuelas, por lo general, suelen ser menos atractivas porque el superhéroe muestra menos debilidades y ha roto casi por completo con su mundo ordinario. Por eso el Superman de Richard Donner mola, pero Superman II, III y no digamos IV, molan menos. El primer Batman de Nolan mola, y el segundo... pues mola más. Pero esa es la excepción.

Estos Vengadores que hoy comentamos son una especie de clímax al experimento que Marvel inició hace unos años con el primer Iron Man (película que mola por los motivos antes descritos y porque Robert Downey Jr. aporta al personaje un toque cínico y gamberro que hace adorable el conjunto). El Hulk, el Thor y el Capitán América fueron aperitivos para la gran zapatiesta que se acaba de estrenar, y que queda a años luz de aquéllas en calidad, interés y entretenimiento. Aunque también cuenta con un importante defecto: todos los superhéroes que aparecen en ella, ya lo son desde hace tiempo. Por tanto esa metamorfosis tan interesante no está presente, y  la primera parte de la película no es más que un laaaaaaargo tramo en el que el director y guionista se dedica a arrejuntar a todo este bicherío de dispar procedencia. Esto puede ser un problema para aquellos neófitos entre los que me cuento y que corren el riesgo de no enterarse ni del NODO. Y la verdad es que yo no me habría enterado de nada de no ser por la inestimable colaboración de dos niños sudamericanos sentados a mi vera y que explicaban la película a grito pelado. Al margen de esta desinteresada aportación externa, todo era estático y confuso para mi inculta mollera.

Y vamos entonces al segundo problema de la película. Como se supone que hay que explicar quién es cada uno y qué relación hay entre ellos, el segundo acto de la historia es un laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargo tramo en el que no pasa absolutamente nada. Sólo vemos que un hermano bastardo de Thor con cara de adolescente endrogado quiere conquistar el mundo mientras Iron Man cabrea al doctor Banner (cuyo careto es asombrosamente parecido al del ex presentador de Telecinco Agustín Bravo), la Viuda Negra toca las narices al hermano de Thor, el Capitán América hace lo que puede para lucir esquijama sin parecer un atavismo y Thor se pasea por el campo dando martillazos cósmicos al modo shakesperiano. Es el viejo truco de los platillos chinos que todo guionista chapucero conoce y utiliza. Tenemos varios platillos y un tiempo para tenerlos en movimiento. Da igual en qué dirección giren: lo importante es tenerlos girando hasta el final del espectáculo. Si vemos que uno empieza a pararse, le damos un nuevo meneo. Y así con todos.



El que haya llegado hasta aquí pensará que la película me ha parecido un truño de no te menees, y hasta cierto punto no le faltará razón. Confieso que miré el reloj más de una vez y me pregunté qué demonios hacía yo allí.

Pero Robert McKee, autor de "El libro del guión", dice que una película vale lo que vale su tercer acto. Dicho de otra forma: uno puede amuermarse en la butaca durante hora y media, que si el último tercio de la película se anima, uno saldrá del cine pensando que ha visto un peliculón. Y, señoras y señores, otra cosa no, pero los cuarenta y cinco minutos finales de LOS VENGADORES son lo más salvaje, vistoso, atronador y divertido que estos ojitos hipermetrópicos que se han de comer las lombrices han visto últimamente en una pantalla grande. Hasta tal punto esto es así, que me reconcilió con todo el coñazo previo, animándome incluso a esperar gustoso la secuela.



Por lo demás, creo que el abuso de contrapicados es alarmante; el uso del ordenador, el habitual en estos casos (ya me he acostumbrado, así que no despotricaré); lo mismo cabe decir del montaje de las escenas de acción (no se ve nada, pero se intuye); Alan Silvestri cumple con sus fanfarrias heroicas y poderosas; hay un plano espléndido deudor de La Comunidad del Anillo que nos muestra a los seis protagonistas aterrizando en el follón que se monta en Manhattan, y la película es la excusa perfecta para arrellanarse en la butaca a zampar palomitas como un bendito de Dios.

 ¿Y Samuel L. Jackson? Bien, gracias.

CALIFICACIÓN: 6/10





martes, 1 de mayo de 2012

LA CARTELERA ACTUAL Y LA MADRE QUE LA PARIÓ

Coño, pues sí hacía tiempo que no escribía. Es que a veces la pelota se me va de viaje de fin de curso y cuando vuelve yo ando arreglando las cañerías. Les pediría disculpas, pero esta es mi casa y hago lo que me sale del bolo.

En compensación, eso sí, les diré que el cine está muy mal. Lo único que me impide no quemar la cartelera de los periódicos es que compruebo con entusiasmo que algunas multisalas se empeñan en mantener viva la chispa con la proyección de clásicos como CENTAUROS DEL DESIERTO (obra maestra absoluta de John Ford, épica, nostálgica y emocionante) y el ciclo dedicado a Hitchcock que va y viene de los Verdi y que nos permite disfrutar de VÉRTIGO de un modo en que ni las transparencias cantan (y ya es difícil eso en el gordo). Luego andan por ahí TITANIC 3D y la trilogía chunga de STAR WARS, como si a alguien le importara algo a estas alturas.

Y entre lo que no es reestreno ni refrito, poco que recomendar. Eso sí, lo recomendable lo es mucho.

¿Y AHORA DÓNDE VAMOS?, de Nadine Labaki, la directora de CARAMEL (inteligente y divertida mujer que podría ser la versión libanesa de la Bellucci) ofrece una crítica mordaz a las relaciones interreligiosas e intersexuales en clave de atípico musical.

INTOCABLE. El gran pelotazo del cine francés de este año es una comedia cuyo guión funciona como un reloj y que, pese a ser algo complaciente en sus formas, tiene la suficiente gracia y mala leche para satisfacer el paladar cinéfilo más exquisito,  además de dar un buen rollo y un optimismo muy de agradecer en estos tiempos.

Y por último les recomiendo GRUPO 7, una de policías españoles que es de lo mejor que ha dado la industr... bueno, eso que tenemos en este país que permite hacer películas. Una cinta violenta, dura, veraz y perfectamente medida e interpretada (pese a la presencia irritante aunque a ratos convincente de Mario Casas), y que confirma a su director como una de las grandes promesas del cine patrio tras la muy estimable 7 VÍRGENES y la magnífica AFTER. El único problema es que se llama Alberto Rodríguez, y un nombre así no vende mucho.

Si me permiten, termino esta intervención comentando la gran decepción que me ha provocado LA PESCA DEL SALMÓN EN YEME, una sátira política aderezada con historia de amor ambiciosa en objetivos pero aséptica en logros. Una película que lo tenía todo para ser interesante (un argumento original, buenos intérpretes, la posibilidad de arramblar con toda la clase política) pero que al final ni chicha ni limoná.

En fin, espero haberles sido útil. Otro día vengo y les cuento qué me ha parecido esa de LOS VENGADORES, que sé que lo están deseando.

Sean buenos.

jueves, 26 de enero de 2012

J.EDGAR


Se estrena J.EDGAR, la esperada película de Clint Eastwood. El último clásico.

Tras la chorradita spielbergiana de MÁS ALLÁ DE LA VIDA regresa el Eastwood intenso y perfeccionista, esta vez con la biografía del hombre que impulsó al FBI y lo convirtió en lo que es hoy: una oficina de investigación encargada de luchar con el crimen organizado en los Estados Unidos y con los gordos millonarios forrados a base de permitir la descarga de contenidos con derechos de autor.

Pero J.EDGAR es mucho más que eso: es la dramática lucha de un hombre contra sí mismo. Vemos sus flaquezas y su fortaleza, su implacable sentido del deber y la moral... y su fragilidad personal a la hora de afrontar una ambigüedad sexual difícil de asumir.

Eastwood nos trae un ejercicio de cine clásico, narrado con constantes saltos en el tiempo, pero de manera limpia y diáfana, logrando que el espectador no se pierda en ningún momento y sepa perfectamente si está en los años 40, los 50 o los 60. Lo hace con ritmo, con buen pulso, con pericia técnica y narrativa... y también con un pasote de látex y maquillaje que convierte algunos motivos supuestamente emotivos en un show de los Muppets.

Leo DiCaprio, prótesis al margen,  da un paso más en su obstinada carrera y demuestra que es un actor como la copa de un abedul.

Lo mejor de todo es que, pese a que parece saltar de un caso a otro, la película se sigue con interés y consigue combinar de manera equilibrada los aspectos personales del personaje con la trama política o de investigación (algo de lo que debería aprender la horrendísima LA DAMA DE HIERRO). El viejo Clint  nos ofrece una visión desmitificadora del dirigente del FBI, pero no se recrea en machacarlo, sino que enumera sus logros sin olvidar (incluso ponderando) sus múltiples carencias. Vamos, que no se pringa ni hace sangre, pero tampoco se mea de gusto. Habría que ver lo que hubiera hecho Oliver Stone con un material así. Pero, claro, el director de PLATOON últimamente mira más hacia el sur.

Para redondear la función, además de Hoover y su camarilla, aparecen otros personajes reales como Charles Lindbergh, Bobby Kennedy, Richard Nixon o Shirley Temple, para regocijo de los mitómanos.  ¿Y qué más les cuento? Pues que la música es el tema central de SIN PERDÓN mezclado con el único tema central que sabe componer Clint Eastwood. Y que los 137 minutos, pese algún elemento un tanto grotesco (como el maquillaje, por ejemplo) no se hacen pesados. Si acaso, un tanto desapasionados.

J.EDGAR me ha gustado. Pero no me ha vuelto loco.

CALIFICACIÓN: 7/10 

lunes, 2 de enero de 2012

DRIVE





Empezamos el año con la crítica de una película que vi el año pasado, pero ya saben cómo son estas fiestas: uno se bebe dos botellas de coñac cuando quiere y se despierta cuando puede. ¡Feliz año, cinéfagos míos!

La película en cuestión es DRIVE, y la dirige un señor llamado Nicholas Winding Refn, nombre que les sonará a chino o a danés, pero que lleva desde 1996 haciendo cine.

La que nos ocupa es una cinta que demuestra el momento en que vivimos: lo nuevo no funciona y hay que recurrir a lo antiguo. Triunfan las películas en 3D (que ya tienen sus añitos), los reestrenos más o menos adulterados (El rey león), los largometrajes mudos y en blanco y negro (The artist), las adaptaciones de obras literarias del año patatín (Tintín, El Hobbit, Jane Eyre)... y, en fin, los remedos en general.

DRIVE mira hacia el modelo de película negra de los 80, de esas con mucha atmósfera y poco diálogo; con una fotografía oscura y luminosa a la vez; y con una banda sonora a base de sintetizadores machacones que uno jamás se pondría en su casa. ¡Bien por Cliff Martínez, el Giorgio Moroder del siglo XXI!

Cuenta la historia de un oscuro individuo cuya vida gira en torno a los coches: de día es mecánico en un taller, de noche alquila su vehículo y su talento a los criminales que lo precisen y, de vez en cuando, se gana un dinero extra haciendo de especialista en el cine. Todo le va más o menos bien hasta que se enamora de la vecina y se ve obligado a participar en un atraco con final fallido. Y es entonces, tras una primera hora lenta, atmosférica y silenciosa, cuando empiezan los tiros, los sobresaltos y un ritmo endiablado salpicado de sangre y muertes violentas que hará las delicias de los aficionados a las historias de venganza.

Y es que, les juro por la mona Chita, que Irving Thalberg tenga en su gloria, que la segunda mitad de DRIVE me tuvo con el alma en vilo. Sin ser una película de terror, uno permanece en la butaca con el corazón acelerado, temiendo el momento y el lugar por el que vendrá el próximo disparo.

En fin, que sin ser nada del otro jueves (porque ya les digo que original, lo que se dice original, no es), la película ofrece una experiencia impagable para los que quieran disfrutar de una buena cinta de género y que esté hasta los perendengues del típico héroe chistoso que tira de gatillo igual que de discurso. Aquí hay mucho gatillo (y machetes, y tenedores, y hostiones a sangre fría), pero discurso, lo que se dice discurso, hay poco, excepto el fílmico. Y repito que es copiado.

Al salir del cine, uno tiene la impresión de que ha visto una película sensacional. Luego, con el tiempo, la impresión se va diluyendo un poco. Pero que nos quiten lo bailao.

CALIFICACIÓN: 7/10

viernes, 23 de diciembre de 2011

ATTACK THE BLOCK


Esta película tiene su gracia por anacrónica. Es decir, si se hubiera estrenado en los 80, cuando John Carpenter, Joe Dante o James Cameron hacían sus películas de terror o ciencia ficción de bajo presupuesto, esta sería una más. Pero ahora, cuando el espectáculo prima sobre la intención, los millones sobre la imaginación y los efectos visuales sobre los personajes, ATTACK THE BLOCK supone un soplo de aire fresco para los nostálgicos que disfrutamos en su día de esas cintas protagonizadas por bichos de peluche o látex que van por ahí dando dentelladas a diestro y siniestro.

Al tratarse de un film británico, el tono marginal, fumeta y gamberro tiene mayor peso, y el aliciente de que los "héroes" son en realidad pandilleros violentos y poco aficionados a respetar la ley. Como los Goonies pero con navaja y porros.

Por lo demás, una película entretenida, con algún golpe gracioso, sangre falsa, violencia contenida y ninguna pretensión más allá de homenajear el subgénero.

Pchá.

CALIFICACIÓN 5/10

jueves, 22 de diciembre de 2011

THE ARTIST






Les cuento. Ayer bajé al centro y se chocó conmigo un idiota que iba viendo en su teléfono la versión nueva de FURIA DE TITANES. Una basura de película, de acuerdo, pero aparte de eso... ¿¿¿cómo se puede ver cualquier película en una pantallita tan pequeña mientras andas por la Gran Vía??? En vez de conmigo se tenía que haber empotrado con un puesto de castañas. ¡Por imbécil!

Recuerdo que hace poco la cosa estaba en ver quién se compraba el televisor más grande. ¿Se acuerdan? "¡Yo tengo uno que es como la pantalla del cine!" Y al que dijo eso le creo, porque ahora los pocos multicines que van quedando tienen una pantalla a la que sólo le falta el mando a distancia y el gato. Pero vamos a lo que vamos. Antes, la tecnología doméstica quería equipararse al cine. Ahora, cuanto más pequeño todo, mejor. Igual que los libros de bolsillo, tenemos los cines de bolsillo: el teléfono, o el ifón, o como se llame eso. Miles de películas en un aparatito, en un disco, en un microchip, injertadas en el cerebro, tatuadas en el pito... Da igual mientras el soporte sea pequeño.

Sobre este avance que, por otro lado, supone un retroceso, no tengo más que decir. Yo soy muy mayor y el día que los cines desaparezcan buscaré al maestro tibetano con quien hice el pacto de inmortalidad (¿nunca les he contado eso?) y desharé lo acordado. Pero este episodio del imbécil del ifón me ha recordado a una película que ahora triunfa en todo el mundo: THE ARTIST.

Como dicen por ahí, es francesa, muda y en blanco y negro. Y, añado yo, una auténtica delicia recomendada especialmente para aquellos que aman el cine en su concepto original. Es decir, como el arte de contar historias a través de las imágenes.

Yo, que soy reacio a la publicidad excesiva y que cuando veo demasiados carteles de una película en las marquesinas del metro arrugo la nariz, fui a verla con recelo. Imaginé que podría tratarse de un simple reclamo para volver a atraer a la gente al cine, un revestimento glamuroso con poco contenido, igual que vienen haciendo con el 3D (invento que, por otro lado, tiene casi más años que yo).

Pero no. THE ARTIST es una evocación fidedigna y nostálgica de una época del cine que nunca volverá (aunque, paradójicamente, vuelve con esta película). Es refinada, talentosa, inteligente, estilosa y muchos adjetivos más que no dicen absolutamente nada. Tampoco parecen decir nada los personajes que aparecen en pantalla, pero sí que lo hacen: nos dicen que hacen falta muy pocas palabras para contar una historia que interese, que emocione y que haga reír. Cómo un encuadre, un gesto, una mirada o, vale, un sencillo rótulo, es capaz de transmitirnos tanto y conseguir que no nos perdamos. Es la magia del cine desde sus orígenes.

El cinéfilo de pro (no como el imbécil del ifón) detectará en ella numerosos homenajes a aquellos maravillosos años. La sombra de Douglas Fairbanks, de Mary Pickford, del perrito Asta e incluso de Orson Welles o Louis B. Mayer planea sobre cada uno de los fotogramas, todo ello acompañado por una deliciosa partitura digna del mismísimo Carl Davis o sus ilustres predecesores. Es precisamente un detalle de la banda sonora lo que me saca de la película, y es la utilización del tema de amor de VÉRTIGO en una de las escenas culminantes. No digo que no sea apropiado, pero la identificación de esa pieza musical con una historia en concreto es demasiado sólida, así que en ese momento no pude evitar que se me apareciera Kim Novak vestida de verde. Y, claro, figúrense mi shock.

Destacable es también el valor documental de la película. Junto con CANTANTO BAJO LA LLUVIA, esta es una cinta que debería proyectarse en todas las clases de Historia del Cine, pues explica a la perfección los métodos de rodaje, el sistema de estudios, el actor´s system, el tránsito del mudo al sonoro, la crisis a la que esto llevó a ciertas estrellas, a ciertos creadores...

Ahora que el cine en el cine sufre una mala racha (que se lo digan al imbécil del ifón) esta película es imprescindible, pues nos enseña que la historia se repite, que el talento se renueva, que el arte se abre paso, aunque en ocasiones dependa de una industra que no está a la altura.

THE ARTIST es cine. Así que, si les gusta el cine, no pueden dejar de ver THE ARTIST.

CALIFICACIÓN: 8/10